miércoles, 28 de septiembre de 2016

Malvinas: de este modo no introducimos más sensatez

28/09/2016
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DEBATE

Malvinas: de este modo no introducimos más sensatez

Ex Canciller
Sin sensatez, no hay derechas ni izquierdas: sólo populismos y especuladores. El manejo presidencial de la política exterior ha incurrido en errores inadmisibles. En política exterior, el gobierno comete errores y es incomprensible que los cometa inútilmente. Aunque si se bucea un poco en la cuestión, se puede encontrar una suma de causas que explican estos costosos movimientos. En estos días, los errores se concentran en el tema Malvinas, donde se hacen más notorios y ruidosos. En parte se explican por la acefalía de la Cancillería y, en otra parte, por las convicciones del Macri. Conviene recordar que la cuestión no interesa para nada al presidente. El 20 de enero de 1997, Macri declaró: “Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro [?] las islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina”.

Me parece legitimo que alguien piense así. Supongo que su visión se debe a que ignora la naturaleza política de la cuestión, que no llega a comprender el significado que tiene Malvinas entre los argentinos y las consecuencias de esa dimensión política. Pero aún así, puede pensar lo que le parezca, Malvinas no es un credo, es un territorio sobre el que la Argentina reclama soberanía. También es, en esta patria maltrecha y deshilachada, uno de los pocos temas que reúne a los argentinos. Quizás deberían ser otros, pero es el pegamento social que tenemos.

Macri puede pensar lo que quiere, sin embargo –un detalle no menor– los electores no deberían enterarse de esto por sus acciones como presidente, sino que debieron saberlo durante la campaña. Y si consideraba que decirlo producía un alto costo electoral, se callaba y luego gobernaba la cuestión con una prudente hipocresía (no irritaba ni contradecía su convicción). No contradiría su opinión haber usado, por ejemplo, en el texto del reciente acuerdo con el vicecanciller británico el llamado “paragua de soberanía” (tal como lo redactamos con Lucio García del Solar en 1984), que previene que Gran Bretaña pueda aludir en el futuro que el gobierno argentino trató temas bilaterales dejando de lado la cuestión de soberanía.

No hizo nada de esto: no nos lo dijo y ahora incurre en una sucesión de comentarios contradictorios e irritantes para los argentinos y, por cierto, muy costosos para su gobierno. Un modelo político que consiste en irritar a la sociedad, sublevar a la oposición, a cambio de nada, de absolutamente ningún beneficio, no es racional y daña, nos daña como personas. Pido disculpas al lector por la referencia personal, pero sucede que lo que esta pasando me produce la agobiante e instantánea reacción de decir: otra vez! Otra vez no.

No quiero que estos años, la parte final de mi vida, sigan transcurriendo rodeado de insensateces y visiones toscas del mundo y de mi país. Por supuesto quiero, como todos, un país deseable para nuestros hijos y nietos, pero también lo quiero para mí, quiero ver que se sugiere una Argentina distinta. Tenemos derechos a creer que el futuro será distinto. Si esa creencia se desvanece, el apoyo social también se debilita, la legitimidad que otorga la sociedad se esfuma y el poder se pierde. Sin poder, no hay capacidad para transformar, para sugerir una Argentina distinta. Estos errores (lo de Malvinas sólo es uno entre varios otros también serios) parece mostrar otro acto de la misma obra, otro capitulo del agobiante libro del fracaso.

Nada me acerca a Macri, no es mi medio social ni económico. Somos esencialmente de tribus distintas. Sin embargo lo voté. Mencionó mi caso porque supongo que hay no pocos argentinos que están en una situación similar. Sufrimos doce años de desvaríos y destrucción del país. Y a pesar de nuestras distancias, queríamos el éxito de la sensatez sin importar demasiado la ideología o pertenecía política. Sin sensatez, no hay derechas ni izquierdas; sólo populismos y especuladores.

Pero resulta que la apuesta a la sensatez, a la sugerencia de la transformación se aleja y el presidente con parte de su gobierno empieza a mostrar los síntomas de la vieja enfermedad: el disparate crónico producido por el engolosinamiento del poder.
No hay duda que, además, entre el ruido de estas historias hay quienes ganan, quienes pierden, quienes acumulan y quienes terminan siendo más pobres. Pero de eso, parece que no hay tiempo para discutir; nuestros días están plenos de los procesos por corrupción y ahora de las insensateces de la política exterior, la última de las cuales es preocupante. Le dije, y qué te parece si hablamos de Malvinas y ella me contestó, y bueno dale. Presidente, si usted cree que Malvinas no tiene importancia, no irrite a la sociedad.

No hace falta apostar todo el esfuerzo de su política exterior a ese tema, pero llévelo con cuidado y respeto. Empiece por tener Cancillería, lo que ayuda bastante a tener una política exterior y entienda que la política exterior no es solo un método para conseguir inversiones. Recuerde que las inversiones van a donde hay seguridad, previsibilidad, estado de derecho y ?sensatez. Sensatez.

Lo insensato es sinónimo de lo inesperado y eso no le gusta a los inversores. Hoy hay muchos argentinos preocupados (y no son parte de la oposición), no sólo por los temas que han sido tan mal tratados, sino por el síntoma inquietante de un presidente que comete estos errores. Quien resulta ser, obviamente, el presidente que manejará la utilización de los 20.000 millones de dólares de deuda que ha tomado la Argentina. Presidente Macri, no otra vez!.

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