viernes, 15 de junio de 2012

A 30 años del fin de la guerra

“Sentí alivio y no me da vergüenza”

POR NATASHA NIEBIESKIKWIAT

El 14 de junio de 1982 estaba en la capital de las Islas y dice que nadie les anticipó la rendición.

Soldado. Bianchi afirma que en Malvinas “ni sabíamos usar las armas”. (Daniel Forneri)

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14/06/12-Clarin

Hacia la madrugada del 13 de junio de 1982 ya habían caído las primeras nevadas en las Malvinas cuando al amanecer del otro día apareció el primer soldado cabizbajo por la Ross Road de Puerto Argentino. Después bajó otro, y luego uno más. Cinco, diez, veinte. Pronto serían cientos los jóvenes mugrientos, cubiertos de agua nieve y exhaustos que deambulaban por las calles del pueblo. El evidente repliegue llamaría pronto la atención de sus compañeros apostados en las posiciones de la capital de las Islas, porque no habían visto situación semejante desde el desembarco en el archipiélago del 2 de abril.

Entre aquellos sorprendidos que ahora, en un largo testimonio cuenta a Clarín , estaba Guillermo Bianchi, hoy ingeniero , y entonces soldado-colimba bajo el mando de la X Brigada, que conducía el general Oscar Yofre.

“Nos llevaron sin explicaciones y se rindieron en silencio” , dice Bianchi para reflejar el quiebre de cabo a rabo entre los altos mandos y los soldados argentinos. Debido a esto también es que la tropa debió deducir o saber de manera informal que los generales Jeremy Moore y Mario Benajamín Menéndez había establecido un alto el fuego, al que sucedió la rendición argentina.

Bianchi cuenta que aquellos soldados aparecidos son los que ya se habían replegado por orden o por la desbandada de sus jefes a quienes por cierto muchos ni obedecían. “Entre el 11 y el 13 de junio ni hablábamos de la rendición pero el ataque británico sobre los cuarteles de Moody Brook (improvisado cuartel de los mandos argentinos) y la batalla de Monte Longdon nos había dejado impotentes. Ya sabíamos que estaban por llegar a nuestras posiciones y no estábamos preparados.

No sabíamos ni usar las armas ”, señala, para luego recordar que días antes habían advertido una situación llamativa cuando un isleño los increpó al grito de que ya estaban llegando los británicos a “liberarlos” y a expulsar a los argentinos.

Aunque en los alrededores de la capital siguieron algunos combates,avanzado el 14 de junio les llegó la noticia de la rendición . Advierte como curioso que igual sus jefes le ordenaran seguir de guardia, con su fusil al hombro, en la posición que ocupó desde iniciado el conflicto: en el área de operaciones del comando que dirigía los combates. Poco después vendrían los “saqueos” a los containers donde los generales escondían insólitamente ropa, comida, chocolates, bebidas.

Bianchi no participó, pero saboreó unos tragos de Tía María. La aparición de los ingleses en la capital fue discreta. Incluso le permitieron seguir de guardia y con el arma hasta que al día siguiente , ya agrupándose por los galpones de las Falkland Islands Company los argentinos debieron entregar el armamento. Fotos sobran de aquel momento. Después, lo embarcaron de regreso en el buque Canberra.

Bajo la estructura del CECIM-La Plata, Bianchi confiesa hoy: “ Sentí alivio y no me da vergüenza , porque era el deseo de que algo pasara y modificara el rumbo de lo que estaba ocurriendo. Ya no quería seguir encerrado ahí. Pero esto que te digo es igual muy personal y abstracto.”

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