viernes, 31 de marzo de 2017

Malvinas post-Brexit

En 2014 escribí una nota sobre Malvinas señalando que era (y sigue siendo) indispensable contar con una estrategia apoyada en lo que denominé las cuatro D: derecho, diplomacia, divisas y defensa. En ese momento subrayaba la inexistencia de una política de largo plazo integral y sólida sobre Malvinas desde el advenimiento de la democracia.
En 35 años hemos ensayado, según el gobierno de turno, elevar o bajar los costos del Reino Unido para el mantenimiento de las islas; enfatizar la dimensión bilateral o multilateral en el manejo la cuestión de la soberanía; confiar más en los vecinos regionales o en las potencias centrales para avanzar el reclamo argentino ante Londres; bajar o subir el perfil y el tono crítico del tema Malvinas; y ponderar o desdeñar el valor de los isleños. Pero esos vaivenes han sido (y seguirán siendo) disfuncionales para la Argentina.
Es importante entonces recapitular en qué situación en materia de derecho, diplomacia, divisas y defensa se encuentra la Argentina respecto a Malvinas después del BREXIT. Primero, en años recientes se observaban cambios en el derecho internacional como, por ejemplo, los avances en términos de la auto-determinación y la autonomía en comparación a la integridad territorial y la soberanía. Pero es posible que ahora asistamos a un momento distinto y singular. Estados Unidos, China, Rusia y aún la Unión Europea procuran reivindicar la soberanía por razones geopolíticas, económicas y jurídicas lo que podría ser mejor aprovechado por la Argentina; en particular para concebir y proponer fórmulas alternativas y originales al respecto.
Segundo, en el frente diplomático hay algunas transformaciones favorables para la Argentina que pueden evitar que se fluctúe, una y otra vez, entre la diplomacia de la seducción y la diplomacia del enojo. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) la debilita en ciertos aspectos y afecta su relación con las islas. Las Malvinas exportaron a la UE en 2016 por valor de 198 millones de euros. Dichas exportaciones representan el 70% del PBI de la isla. La UE, a través del Fondo Europeo para el Desarrollo, asumió compromisos de ayuda a Malvinas por casi 6 millones de euros para el período 2014-20. Si el país tuviera claro que se debe negociar con Gran Bretaña y que se puede dialogar con los isleños, entonces diseñaría un conjunto de iniciativas que reafirmara que su condición material no sufrirá después del BREXIT.
Pero la Argentina, además, debe “rodear” a Gran Bretaña reforzando el vínculo con América Latina—donde Londres ha tenido una ofensiva relativamente exitosa en el último bienio—y evaluando el papel de China en momentos en que Beijing parece interesado en el Atlántico Sur. Tercero, las divisas—los recursos materiales—son esenciales. El Reino Unido es hoy menos poderoso que en el pasado y BREXIT puede profundizar esto. Sin embargo, nuestro propio declive ha impedido aprovechar la ocasión. Como lo demuestran casos históricos, la capacidad negociadora internacional aumenta si se poseen fortalezas materiales internas.
Uno de los inconvenientes de los 16 meses de espera de la “lluvia de inversiones” es que el país dejó de pensar en un modelo de desarrollo que garantice prosperidad y autonomía y que, a su turno, contribuya a acumular atributos tangibles de poder que puedan trasladarse al campo de la política exterior. La ventana de oportunidad que tiene el país frente a la reducción de poderío e influencia británica es pequeña y no debiera malgastarse. Máxime cuando la cuenca norte de las Malvinas parece contener importantes reservas de petróleo.Y cuarto, la cuestión de la defensa es significativa.
Lo que es evidente es que cualquiera sea la circunstancia, Gran Bretaña intentará robustecer su defensa en los mares en general y en Malvinas en particular. La Armada acaba de inaugurar, después de treinta años y con las lecciones militares de la guerra de 1982, un gran portaviones (el HMS Queen Elizabeth). Y, en 2015, ante lo que era la percepción de confrontación por parte del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, Londres decidió reforzar militarmente las islas destinando 180 millones libras esterlinas por los siguientes diez años. Recientemente, y a pesar de los gestos de mayor acercamiento del gobierno de Mauricio Macri, Gran Bretaña aprobó destinar 153 millones de libras esterlinas para un sistema de defensa de Malvinas. En ese marco, es preocupante la falta de una política de defensa en el país.
Discutir sobre el tema se ha tornado quimérico. El progresismo teme un rebrote militarista; los conservadores quieren involucrar a las fuerzas armadas en la lucha contra las drogas. Son contados los interesados en repensar el vínculo entre política exterior y defensa. Un ejemplo patentiza lo señalado. Se presumía que en 2016 la Argentina saldría a “comprar” material militar; sin embargo, decidió no adquirir aviones de combate y optó por aviones de entrenamiento y transporte. En 2017 el Ministerio de Defensa ha salido a “vender”: se subastará en Buenos Aires un terreno del ejército para así conseguir unos 20 millones de dólares. En síntesis, hay que insistir en que el diseño de una estrategia hacia Malvinas pos-BREXIT exige analizar con seriedad las cuatro D.
Juan Gabriel Tokatlian es Profesor plenario de la Universidad Torcuato Di Tella

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